viernes, 5 de septiembre de 2008

La eructona



La Delicia Reyes le quiso escribir un poema de amor y produjo un lagarto reseco, ¿sabes? Los lagartos siempre parecen resecos. Por eso, una obviedad. No pudo decir ni una palabra nueva. Te sigo contando, el poema fue un lagarto reseco en la canícula de agosto. ¿Patético, no? Patético significa por demás sensible. Siempre lo usas mal. No era patético porque no transmitía ni medio sentimiento. ¡Mierda! Quizás ese sea el término preciso. Una verdadera mierda. Probablemente el destinatario nunca se diera cuenta de su aberración creativa. Bueno, bueno. ¿Acaso no es tan listillo el cuate? Es listo y buen mozote y está para hacerle un libro entero de meras palabras de cariño nomás. ¿Y tú, no te le atreves a la pluma? Qué va, a mí el amor me sale por el cuerpo, no por la estilográfica. Pues entonces, te le arrimarías si tuvieras la ocasión. Pero si ya me le arrimé hace como tres lunas crecientes. ¿Y? Cuando estaba al ladito, me dio un retorcijón de entrañas y me salió un eructo de buey hembra en celo. Los bueyes son toros castrados, no hay hembras de buey. Pues, figúrate si las hubiera cómo eructarían las hijapú. Bochornoso como errar tres penales en un mismo partido. Principio y final en una misma acción y pasé a ligarme el mote de “la eructona”.

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