
A veces sueño con vos Argüelles. Sueño que sos un río de deshielo, frío. Una corriente helada que me chupa y me revuelca y no sé de dónde agarrarme y me dejo llevar porque no hay solución. Y me puedo morir. Puedo fallecer arrastrada por tu corriente gélida y no puedo nadar ni siquiera intentarlo, porque caigo al revés en el sueño y las manos que se acercan no pueden hacer nada y yo me dejo ir hasta quién sabe dónde. ¿Por qué me hacés esto?
No ves que sufro.
Mabel, Argüelles no podía arrastrar nada ni a nadie. Apenas arrastraba sus mocasines cuarenta y tres. El río no es Argüelles, por ahí no, Mabel. Lo que me sorprende es que en el sueño vos seas la víctima, ¿no será que estás proyectando, mujer? No será Argüelles la mujercita arrastrada por el agua fría de Mabel Herrera, río pedregoso, asesino de voluntades, mortaja helada y despiadada. Vos te adelantás a contar tu sueño antes de que yo pueda decir que Pedro Argüelles se convirtió en un títere polvoriento a tu lado. Me tenés miedo.
No ves que sufro.
Mabel, Argüelles no podía arrastrar nada ni a nadie. Apenas arrastraba sus mocasines cuarenta y tres. El río no es Argüelles, por ahí no, Mabel. Lo que me sorprende es que en el sueño vos seas la víctima, ¿no será que estás proyectando, mujer? No será Argüelles la mujercita arrastrada por el agua fría de Mabel Herrera, río pedregoso, asesino de voluntades, mortaja helada y despiadada. Vos te adelantás a contar tu sueño antes de que yo pueda decir que Pedro Argüelles se convirtió en un títere polvoriento a tu lado. Me tenés miedo.

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