viernes, 19 de septiembre de 2008

Argüelles 5


La belleza. Argüelles era un hombre bello y a mí, la belleza me puede. Yo iba por el tercer tema, un tango de Cobián y ahí me lo cruzo. Lo vi de reojo en la penumbra rojinegra de la milonga. La penumbra engaña pero también ayuda. Estabas tan lindo. Quizás demasiado rubio para mí. Sí, yo también soy rubia y lo remedié. Te estudié como una arqueóloga que acaba de descubrir un fósil remoto y ansiado. Te pasé el pincelito para sacarte el polvo de las sombras engañosas y quedaron tus rasgos al ras. Hasta ese segundo yo había pensado que los labios más hermosos que había gestado la Humanidad eran los de John Malkovich. ¿Qué me vio él a mí? No lo sé. Sé que me ven los demás. Pedro… Le sonreí y me hizo una mueca y vino Miguel a buscarme para presentármelo, me llevó de la mano. Sentí esa mano huesuda de turco, me dejé conducir por esos tenebrosos pasadizos de las emociones y pensé “Mabel pará un poquito”, pero no podía parar y tu mesa estaba cada vez más lejos; algunos me saludaban o aplaudían y yo tenía tu boca como faro y quería encallar en tus brazos y naufragué Argüelles terminé masticando arena a tu lado viviendo de raíces escribiendo SOS en las olas inútiles en el salitre que me quemó…

viernes, 5 de septiembre de 2008

Cualquier semejanza con la realidad...



_ ¿No sabés? Está todo mal en la Media 4.
_ ¿Qué?
_ ¿Viste que estoy reemplazando a Norma Elena Sánchez de Peñaloza?
_ No sabía.
_ Sí, te lo dije.
_ Bueno, no me acuerdo.
_ Te decía. En la Media 4 que queda en Sarmiento y Castro Barros, en Gerli, ahí le estoy haciendo la suplencia a la secretaria: Norma Elena Sánchez de Peñaloza.
_ ¿Y?
_ Ella es la tía de Sandrita.
_ …
_ Sandrita Amalia Marín.
_ …
_ La chica que me cuida a Juan Domingo.
_ Ah.
_ Desde julio me lo cuida.
_ ¿Qué tiene que ver con la Media 4?
_ ¿Te acordás que en la Media 4, que se llama Presidente Bartolomé Mitre, yo tengo cuatro cursos: 7º B, 8ºA, 9º A y 3º de Polimodal, de Gestión.
_ Digestión.
_No, de Gestión Comercial.
_ Aclará, carajo.
_ Bueno, Aníbal José Barrientos, un chico de 3º Polimodal Gestión fue suspendido por Noelí Grijo de Salvatierra, la directora.
_ ¿Y?
_ ¿Cómo “y”? Es un desastre en conducta, ya había tenido problemas con Lilian Damassioli, de Física y con Humbertito Soriano, de Economía.
_...
_ Parece que sacó un celular para filmar a la preceptora Betty Cousenier, que encima, es la madre de Sandrita. A Betty, le presté El amor en los tiempos del cólera, de Gabriel García Márquez.
_Volvamos al chico.
_ El celular no era de él, se lo había sacado a Vanesa Yolanda Galván. Y la chica, lloraba como una loca abrazada a Benigna Vespucio, la Kiosquera.
_ Ya me perdí.
_ ¿Qué?
_ No, nada.
_ Aníbal Barrientos se enfrentó con la directora, con Betty Cousenier, insultó a Vanesa y le dio un empujón a Benigna.
_ ¡Qué terrible!
_ Los padres: Elio y Vivian Barrientos llegaron echando espuma por la boca y me confundieron con la directora. Me pegué un susto. Vinieron con una actitud amenazante, de patoteros. Menos mal que estaba Juan Roberto Pedrelli, el portero. Me salvó la vida. Les paró el carro y los condujo al despacho de Betty.
_...
_ Betty es la que en el cumpleaños de Juan Domingo tenía un bolso enorme de charol que se había comprado en la Feria de las Naciones. Ahí, donde vos le compraste la tabla de planchar a tu hermana.
_ Yo nunca fui a la Feria de las Naciones.
_ Sí, la Feria que organiza COAS todos los años.
_ Sí, pero no fui nunca.
_ La presidenta es Carmen Amorim de Polledo.
_ ¿Y qué tiene que ver?
_ Tiene que ver. Si no fuiste vos la de la tabla de planchar fue Normita Ponce.
_ ¿Y la Feria, dónde quedó?
_ Ah, se compró el bolso enorme de charol negro por cincuenta y dos con veinticinco. Y como no tenía veinticinco, se lo dejaron a cincuenta y dos.
_ Una ganga.
_ Claro, a mí este, que es una porquería y ya está descosido, me costó en el Shopping de Varela, cuarenta y ocho con cincuenta. Y nada de rebaja. ¿Conocés el Shopping de Varela?
_ ¿En qué estábamos?
_ Vos siempre distraída. ¡No me llevás el apunte!
_ ¿Qué decís?

La eructona



La Delicia Reyes le quiso escribir un poema de amor y produjo un lagarto reseco, ¿sabes? Los lagartos siempre parecen resecos. Por eso, una obviedad. No pudo decir ni una palabra nueva. Te sigo contando, el poema fue un lagarto reseco en la canícula de agosto. ¿Patético, no? Patético significa por demás sensible. Siempre lo usas mal. No era patético porque no transmitía ni medio sentimiento. ¡Mierda! Quizás ese sea el término preciso. Una verdadera mierda. Probablemente el destinatario nunca se diera cuenta de su aberración creativa. Bueno, bueno. ¿Acaso no es tan listillo el cuate? Es listo y buen mozote y está para hacerle un libro entero de meras palabras de cariño nomás. ¿Y tú, no te le atreves a la pluma? Qué va, a mí el amor me sale por el cuerpo, no por la estilográfica. Pues entonces, te le arrimarías si tuvieras la ocasión. Pero si ya me le arrimé hace como tres lunas crecientes. ¿Y? Cuando estaba al ladito, me dio un retorcijón de entrañas y me salió un eructo de buey hembra en celo. Los bueyes son toros castrados, no hay hembras de buey. Pues, figúrate si las hubiera cómo eructarían las hijapú. Bochornoso como errar tres penales en un mismo partido. Principio y final en una misma acción y pasé a ligarme el mote de “la eructona”.

sábado, 16 de agosto de 2008

Argüelles 4


A veces sueño con vos Argüelles. Sueño que sos un río de deshielo, frío. Una corriente helada que me chupa y me revuelca y no sé de dónde agarrarme y me dejo llevar porque no hay solución. Y me puedo morir. Puedo fallecer arrastrada por tu corriente gélida y no puedo nadar ni siquiera intentarlo, porque caigo al revés en el sueño y las manos que se acercan no pueden hacer nada y yo me dejo ir hasta quién sabe dónde. ¿Por qué me hacés esto?

No ves que sufro.

Mabel, Argüelles no podía arrastrar nada ni a nadie. Apenas arrastraba sus mocasines cuarenta y tres. El río no es Argüelles, por ahí no, Mabel. Lo que me sorprende es que en el sueño vos seas la víctima, ¿no será que estás proyectando, mujer? No será Argüelles la mujercita arrastrada por el agua fría de Mabel Herrera, río pedregoso, asesino de voluntades, mortaja helada y despiadada. Vos te adelantás a contar tu sueño antes de que yo pueda decir que Pedro Argüelles se convirtió en un títere polvoriento a tu lado. Me tenés miedo.

martes, 12 de agosto de 2008

¿Te gustan Los pibes chorros?

Le jugué al 18 a la cabeza, en la Montevideo, ¿podés creer que salió en la Entre Ríos?
Los dedos eran diez perros salchichas en hilera que se movían en forma independiente. ¡Tener perros salchichas en las manos! Solo le podía pasar al Hugui. Con los salchichas amasaba las medialunas, les daba la forma de medialuna, viste. Y ni un guau.
A mí me gustaba un poco. Pero no me cabía que lo llamaran Hugui y sus dedos… Si me pasa los perros por la cara, me muero. Un día, me dijo “ojos de polietileno”, cuando me puse los lentes de contacto. Callate, Hugui y seguí con lo tuyo que yo con vos no me meto. Una vez me cantó “Muchacha ojos de papel”. Otro día me silbó “Ojos así” pero no en la versión de Shakira, se parecía más a Horacio Guaraní. Pará, che. Yo dale que dale a las empanadas y él meta joda con mis ojos. “Yo vendo unos ojos negros, quién me los quiere comprar”. ¿Por qué no vendés tus dedos, boludo?
Siempre escuchábamos la lotería, Riverito a full. Es mi único vicio, decía. Yo no sé si estaba enamorada o era porque lo tenía tan cerca. Nos veíamos de lunes a lunes, un franco en el medio. No teníamos franquero, cuando él estaba de franco yo hacía empanadas y medialunas. Esos días eran un desastre para mí. No sabés cómo me quedaban mis chihuahuas. A veces, se me corrían los lentes de tanto transpirar y veía todo azul. Parecía un mar por abajo, esos mares azules y transparentes del Discovery. Hasta la margarina era azul.
Un día vino con una idea. Me preguntó si nunca había pensado en trabajar por mi cuenta. ¿Qué decís? Marina, hacé empanadas en tu casa y salí a vender. ¡Sabés los pares de ojos que te podrías comprar! Y vos anotate en el Incucai para un trasplante de pedos. Le dije “pedos” y nos morimos de risa. De la bronca, me salió “pedos”.
Cada vez que nos reíamos el encargado nos gritaba qué pasa y el Hugui le hacía un fáquiu que eran tres fáquiu juntos.
Cuando la hermana cumplió quince, me invitaron a la fiesta. Fue en la casa de un tío, en Paso del Rey. Allá fui, de largo, con un vestidito tornasolado que me prestó mi prima hermana. Yo no tuve “quince” porque no quise. Me deprimía imaginar a mis amigos y a mis tíos bailando en el patio, sobre el cemento alisado y al costado de los malvones plantados en una lata de membrillo o de batata. No, papá. Dejémoslo así. Si me caso, hago una fiesta grande.
Había globos por las paredes y unas palomitas de papel que volaban por los ventiladores de techo. Una preciosura. Al taller del tío lo habían pintado de blanco y con los globos rosados, era una locura. Todas las mesas con los mismos manteles y las sillas eran todas iguales menos cinco, bueno.
Me sentaron con unos parientes de Chivilcoy que eran divertidísimos y hacían chistes todo el rato y yo me reía total tenía fundas nuevas y ojos azules. Primero nos dieron matambre con rusa y después empanadas y pizza y baile. Hugui me sacó a bailar, se movía como un profesional de la cumbia, fuimos felices al ritmo de Néstor y ya no me importaba que le dijeran Hugui o Elhugui si bailaba tan lindo. Parábamos unos minutos, “a boxes” decía él para tomarse una cerveza. A la cuarta Quilmes, me sacó para afuera.
Mari, te tengo que decir algo. Se me heló la sangre y eso que se me patinaba el vestido de mojado que estaba. Mari, empezó de nuevo: A mí me gustan los pibes. ¿Los pibes chorros, Hugui? No, Mari. No me gustan las minas, me gustan los pibes. Como si hubieran tirado diez bolsas de harina de 50 kilos encima, todas juntas. Me quedé sin respiración. Apenas me recuperé, sin decirle ni a, me metí adentro y enfilé para la cerveza, me tomé un vaso de un trago y serví otro para él y se lo llevé. Seguía en el mismo lugar, mirando al cielo y con la camisa desprendida. Le di un beso en la mejilla y se agarró la bebida. Sentí pena. ¿Por él? No, por mí.
Vos sabés que yo te aprecio, Hugui. Y te queda bien el sobrenombre.

miércoles, 30 de julio de 2008

Argüelles 3


Te definiste como transparente pero no, Argüelles, fuiste esmerilado. Un leve trasluz engañoso. Ni chicha ni limonada. La chicha se hace con maíz fermentado. ¿Tomaste chicha alguna vez, Pedro? ¿O solo te embriagás con limonada? Ja, ja. ¿Y vos? Chicha. Te compone la voz. O no te la compone pero ya no te importa.

Potrancas